Deseos de resistencia


Es tiempo de soltar. Me despierto y busco el celular a ver si hay algún mensaje, si pensaste en mí en la noche, en la madrugada, si te remuerde la conciencia haberme dejado de esta forma, si, por caridad, mandas un “Hola”, o por equivocación. 

Mis temores se volvieron palpables y etéreos, volátiles me gustaría que fueran pero parecen atados a mis pies. Las promesas, los gustos semejantes, los planes compartidos, los deseos de construir un futuro lejos, donde la tierra exuda arte e historia… ahora eso somos, historia que tenía un final marcado pero no contado. Te desvaneciste como arena en mi mano, marcando el inicio de mi decadencia temporal. 

Eres lo primero que se me viene a la mente cuando deberías ser el último de mis recuerdos viviendo en el más recóndito e inhóspito lugar de mi memoria. Ahora procuro llenar mi día sin ti, sin tus mensajes, sin tu risa, sin las enseñanzas diarias; pero con un corazón determinado a salir de esto. No es eterno, es una etapa, es un nuevo capítulo de un libro que ya no es nuestro ¿o quizá mi desarrollo de personaje en el drama que aún queda por vivir? 

Seguimos de pie, como un soldado y su fusil pero con las piernas temblando y añorando el hogar. Esperando el disparo definitivo con el cual la existencia termine o la noticia redentora de que todo ha terminado, sobrevivió… pero a que costo. 


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