Once again...
Las paredes me ahogan. La pena ajusta el corazón, Dios aprieta, pero no ahorca, dicen; pero los fluidos abandonan los ojos por el tamaño apretón. Confié en alguien que sostuvo mi corazón. Vi la luna llena 4 veces reflejada en sus mensajes y él no me prometió bajármela, aunque me construyó la escalera para hacerlo yo mismo. Fue una subida hermosa con una bajada aparatosa.
Las paredes me aprisionany en la caída tuve que aprender a coser heridas y restaurar sueños. Caminando en busca de sentido me encontré con atardeceres luminosos y espesas nubes anunciando tormentas. Los gatos caminaron a mi lado con miradas burlonas, Chesire en carne y hueso susurrándome al oído que continúe, que el camino se hace más oscuro unos pasos más allá.
Las paredes me encierran y las frazadas me refugian. Los recuerdos me embriagan y busco manos amigas que rompan estos muros. Me acerco a labios ajenos tratando de llenar vacíos, que se produzca un cambio y que las mariposas desempolven las alas. No sucede, solo recuerdo tus sonrisas, tus palabras mal pronunciadas y los defectos de un encuentro que no supero, que no debió darse.
Las paredes son el ataúd que poco a poco se hunde en el lago de mi pesar, el corazón apuñalado no vio la mano que lo hirió, quizá fue la suya propia, es lo más probable. Ofelia espera en el fondo.

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