Tiempo pasado, presente, futuro, tonto...

Tiempo tonto, es así como describían en la obra de teatro que vi el viernes, al “hubiera” “hubiéramos”. Y es verdad. Me siento el más grande de los tontos, el que acaba dejar pasar la oportunidad única en estos días de soledad y en que mi corazón esta mas frio que este invierno. Como desearía que ese “hubiera” que ahora existe en mi cabeza, se volviera un “lo hice, sucedió” Fueron pocas razones, pero importantes, las que me obligaron a no aprovechar la situación.

La emoción que me invade es horrible, del gozo que sentía cuando nos vimos ahora solo queda un sabor amargo. No sé si arrepentirme o felicitarme a mí mismo porque “sino pasó, es porque no era para mí” me trato de creer esa frase, la repito decenas de veces desde que ocurrió pero no la puedo digerir aún, fácil y con los días de esta semana pasará pero la incomodidad de ser yo mismo ahora es asfixiante.

Estaba en el cementerio visitando las tumbas de mis abuelos, y de lejos, como a unos 10 metros, estaba este tipo, alto, delgado, con barba, tez clara, ojos claros; parecía algo mayor, calculo alrededor de los 30. Pasó por delante de mí y nos vimos, éramos un par de cazadores buscando ser cazados. Nos alejamos, no dejamos de observarnos, el deseo de hablarnos era obvio pero las situaciones que ambos vivíamos eran difíciles para que algo sucediera, yo estaba con mis padres y él también.

Nos fuimos alejando más. La distancia se hizo enorme pero éramos inconfundibles entre la gente, al menos yo sí porque llevaba el único pantalón guinda del lugar, estábamos como a 50 metros cuando me hizo un “adiós” con la mano. Le devolví el saludo, me parecía increíble que él se haya fijado en mí. Y no, no había nadie detrás de mí. El saludo era para mí. Se fue a su carro y yo regrese con mis padres, él tal vez con los suyos. Y ahí, quizás, se fue para siempre el amor de mi vida. Nunca más lo volveré a ver, no sé nada más que va al mismo cementerio que yo. Cabe la posibilidad de que algún día nos volvamos a ver por ahí. Pero esa posibilidad es casi imposible.


Es así de tonto el tiempo. Es así de irónico el destino, pudo ser la historia de un hombre y una mujer, o 2 mujeres o, en mi caso, 2 hombres; fuimos dos cazadores queriendo ser cazados, una mirada que encontramos, la historia más antigua que ha visto el planeta. Ojalá pudiera haber visto la eternidad en sus ojos. 

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