Empacando memorias
Existe un hoyo en mi
alma, no lo puedo cerrar, es una gran caverna en mi corazón; una caverna tan fría
y oscura, solo pequeñas luciérnagas la iluminan de vez en cuando. Espera por
esa antorcha brillante que le dará calor. Por ahora una luciérnaga hizo un
intento fallido. No pudo más y se marcho a morir en el olvido.
Algo así me siento,
quiero contar todo mi dolor pero sale en forma de poema. Solo quiero hablar y
decir que me siento mal. Que algo en mi muere lentamente. Que me duele horrible
perder a alguien que nunca tuve, pero que la ilusión hizo mío por algunos días.
La sensación de sentirlo siempre cerca fue demasiado buena, sin embargo esa
felicidad fugaz tenía una fecha de caducidad muy pronta.
Se acabaron las
caminatas a un paradero de bus donde el frio calaba los huesos y las emociones.
Se terminaron las clases y hablar con el diariamente. Eran como visitas diarias
a un campo florido donde correr con él era mi único objetivo. Me da mucha pena, pero cada uno tiene que
seguir su camino, ese nuevo
Jorge tiene muchas heridas por curar y muchas de
las mías aun no sanan.
Amigos es tal vez el
calificativo que nos merecemos. No podremos ir más allá de eso. Mi utopía de la
pareja perfecta aun tiene que esperar a ser cumplida. Pagare el precio por
ilusionarme con un imposible. Lagrimas más o menos, no tiene mucha diferencia. Es
un dolor que ya conozco. Un adiós agregado a mi vida, con la diferencia que
este es temporal y no uno permanente. Con un beso se sello la puerta al campo
florido. No volveré a entrar, no con él.
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